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© FEI | 26/02/2025 | Federica Montseny Mañé

Federica Montseny Mañé, libertad y revolución

La anarquista se convirtió en la primera mujer en ocupar un cargo ministerial en España

26/02/2025

El 7 de noviembre de 1936 tomaba posesión de su cargo la primera mujer en encabezar un ministerio en España: Federica Montseny, Ministra de Sanidad y Asistencia Pública en el último período de la II República. En tan solo 6 meses en el puesto, la anarquista puso sobre la mesa numerosas mejoras sociales, la mayoría tremendamente adelantadas a su tiempo.

El PENSAMIENTO LIBERTARIO
Federica Montseny Mañé nacía en Madrid, el 12 de febrero de 1905. Hija de las conocidas figuras anarquistas Teresa Mañé y Joan Montseny, la pequeña Federica creció rodeada de libros, ideales libertarios y debates en torno a las luchas sociales. Segundo ella misma contaba, su madre, que la educó en la casa “no quiso enseñarme las primeras letras hasta los seis años, dejando desarrollar mi cuerpo antes de comenzar a amueblar mi espíritu (...) El caso es que progresé rápidamente y pronto gané el tiempo perdido con el inicio tardío de mi educación”. El método seguido por Mañé (fundadora, por su parte, de una de las primeras escuelas laicas de España) y la gran inteligencia de Federica, dieron pronto sus frutos: con tan sólo 15 años, la chica comenzaba a colaborar en publicaciones libertarias y, en 1925, veía la luz su primera novela larga (La Victoria), a la que seguirían otros muchos relatos, ensayos y artículos.

Hacia 1930, Montseny conocería al que desde entonces se convirtió en compañero de vida: Germinal Esgleas Jaume, con quien compartía sus compromisos y principios libertarios y con el que tuvo tres criaturas. Poco después, en 1931, Federica se afiliaba a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), organización sindical anarquista con la que mantuvo un fuerte compromiso a lo largo de su vida y en la que pronto tendría un papel destacado gracias a su gran capacidad de oratoria.

MINISTRA DURANTE LA GUERRA CIVIL
Entre artículos, mítines, congresos... Montseny fue alcanzando protagonismo y, en 1936, con el estallido de la guerra civil, su papel cobró aún más relevancia. El 4 de noviembre, con apenas 31 años, asumía el cargo de Ministra de Sanidad y Asistencia Social, convirtiéndose en la primera mujer en la historia de España en obtener este puesto y una de las primeras alrededor del mundo.

Su nombramiento, junto al de otros tres ministros anarquistas –Juan García Oliver (Justicia), Juan Peiró Belis (Industria) y Juan López Sánchez (Comercio)–, fue resultado de las complejas negociaciones entre la CNT y el gobierno republicano, encabezado por Francisco Largo Caballero. Ante el avance de las tropas franquistas y la necesidad de unidad entre las fuerzas antifascistas, la CNT aceptó, por primera vez, formar parte de un gobierno. La propia Montseny reconocería la contradicción que suponía para una anarquista ser ministra y el desacuerdo de muchos compañeros y compañeras de movimiento con esta decisión.

A pesar de las reticencias y de que no se mantuvo en el cargo más de seis meses, desde su ministerio se impulsaron reformas tremendamente avanzadas e innovadoras: se propuso finalizar con los orfanatos y crear hogares de acogida para la infancia; se idearon comedores para ofrecer una alimentación completa a las embarazadas y promover así la salud de las criaturas; se proyectaron los “liberatorios de prostitución”, centros de acogida en los que estas mujeres tuvieran atención médica, psicológica y formación que les permitiera acceder a otra ocupación, y se impulsó la elaboración del primero proyecto de ley estatal sobre el aborto en España.

El EXILIO
El 17 de mayo de 1937 caía el gobierno de Francisco Largo Caballero tras los sucesos de mayo en Cataluña y, con él, los cuatro ministerios ocupados por anarcosindicalistas. Montseny regresó a su actividad como militante anarquista y en la resistencia contra los sublevados y, con el derrumbamiento de la República en 1939, se vio obligada a huir a Francia junto con miles de personas exiliadas.

Francia nunca fue un refugio seguro, ni encontramos aquí el acogimiento y la simpatía a las que creíamos tener derecho, porque considerábamos que, al batirnos nosotros (en España), ya nos batíamos para evitar que Francia fuese ocupada por los alemanes”, comentaba en una entrevista realizada en TVE en el 1991. A pesar de la resistencia, Francia fue finalmente ocupada y, con esto, Montseny fue arrestada y encarcelada varios meses. El régimen franquista solicitó su extradición para ser juzgada en España, pero el gobierno de Vichy rechazó la petición, muy probablemente debido a que se encontraba embaraza de su tercera fila.

ESPÍRITU REVOLUCIONARIO
Durante las décadas siguientes a la liberación francesa, Federica retomó su lucha en el exilio, tratando de organizar a la resistencia antifranquista y confiando en que, con la caída de los fascismos, pronto se derribaría también la dictadura en España. Finalmente, Montseny volvió a su país natal en 1977 para participar en numerosos actos tras la legalización de la CNT, pero nunca se estableció de nuevo de manera permanente: “La encontré cambiada (...) no encontré el pueblo que había dejado. La obra realizada por el franquismo y por esos años de represión fue matar el espíritu de ese pueblo (...). La vida seguía su curso pero, en el fondo, el idealismo y el espíritu revolucionario que habíamos dejado en España estaba muy amortiguado”.
 
El 14 de enero de 1994, Federica Montseny Mañé moriría en Francia, dejando tras de sí un largo camino de lucha por la libertad y los derechos de las personas trabajadoras, y un inquebrantable espíritu crítico y revolucionario:
“No es posible creer que se puede hacer una revolución a base de una dictadura, de un golpe de Estado, o de la acción de unas minorías. Una revolución se hace a base de un pueblo; pero hay que hacer que ese pueblo tenga conciencia y voluntad revolucionaria”.

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